Crónica: Ultra Maratón del Hierro 2013 I parte (Juan Febles)


0. Previos
Empecemos por donde tenemos que empezar.
Casi 2 meses atrás terminaba la Makani con muy buenas sensaciones y el lunes siguiente... a entrenar. Me enfrentaría a una ultra de 84 km y no se podía desperdiciar ni una semana. Quienes me conocen saben que los entrenamientos me los tomo muy en serio. Es la base para disfrutar de las carreras, más si éstas son exigentes.
Así que en manos de Darío Dorta se pone uno, y lo que te dicta, va a misa. Semanas duras, sobre todo las 3 últimas donde semanalmente corría más de 120 km. Terminar de noche con mucho frío y muy cansado. Esto es lo que hay. Y esta vez el cuerpo parece que respondía a esa dureza.
La última semana muy concentrado y seguro de mí mismo. Es una sensación que nunca había tenido antes. A eso se le va llamando: Experiencia.

1. Nos vamos
Y llega el primer fin de semana de febrero y con él El Hierro luce como la isla del Trail en Canarias. Voy en avión porque los mareos del barco me sientan fatal. Comparto viaje con mi amiga Irene a la que le debo mucho.
Todo controlado: comidas, material, nervios, ilusión...
Algo me dice que voy a disfrutar de lo lindo.... y no me equivoqué.

2. Briefing: Vértigo
Llegamos a Frontera y ya estamos todo Vida Trail en peso. Bromas y charla distendida. Recogemos los dorsales y nos hacemos la foto de familia. Preguntamos por la hora de la charla informativa de la Ultra y por la tarde vamos todos a oírla.



Y Juanjo empieza a explicar. "Paso muy estrecho con un corte de salto de 200 metros..." "Bajada por tubo volcánico con una cuerda para los que no quieran deslizarse..." Y a uno que tiene vértigo se le ponen los ojos como huevos duros. Lo mejor es ver a los compañeros que conocen mi miedo a las alturas mirarme nada más anunciarlo. Aquí está mi otro gran reto, además de los kilómetros y el desnivel en las subidas y bajadas.
Voy a la cena de la pasta dándole vueltas a mi amigo Don Vértigo. Ceno rápido y a la cama.


 Duermo mejor que otras veces pero el tema de las alturas... lo llevo fatal.

3. ¿Preparados?
Darío ya había quedado conmigo a las 5:30. Desayuno de barritas de cereales y barritas de plátano NutriSport. Ya la noche anterior había preparado la mochila con todo el material y el sólido y líquido a llevar.



Estoy nervioso pero tranquilo. Una mezcla aparentemente imposible, pero real. Hoy va a ser un antes y un después. A ver qué sale.
Ya en la salida empiezo a ver a todos los corredores. La mayoría son muy conocidos, gente muy preparada y con mucha experiencia en sus bolsillos.
Dari me dice: "Cabeza". Y yo asiento con ella. Paso a Modo Ultra On. Intento que los pensamientos fluyan y que las piernas sigan este ritmo. Después de la salida neutralizada esperamos 5 minutos y la pita del todoterreno de Juanjo inicia la carrera...
Y me digo a mí mismo: "¡Vamos Juanito!"



4. Mirador de Jinama
Los primeros 6 kilómetros tienen un desnivel de 1000 metros. Hay que tomárselo con mucha calma. Algunos salen escopetados. Yo, a mi ritmo: con cabeza y dosificando. Utilizo por primera vez unos bastones los cuales me ayudaron mucho, aunque tengo que seguir pillando su técnica que no es fácil. Me pasa mucha gente, pero yo... tranquilo. Como dice José Carlos: " Las carreras no son como se empiezan, sino como se terminan". Me lo grabo bien en la cabeza y subo a un ritmo cómodo. Llego en una hora y diez minutos. No está mal. En Jinama recojo bastones, como algunas naranjas y a por el primer reto: mi vértigo.


5. Enfrentarse a las alturas
Pasado el Mirador de Jinama tocaba correr por unos prados dignos de cualquier película de las HighLands escocesas. ¡Qué verdor! Muros de piedra diseccionaban los terrenos y se podía divisar todo el golfo abajo. Se podía divisar demasiado. El tan temido tramo con la caída de 200 metros se acercaba. Y llegado el momento recuerdo las palabras de Juanjo: "Quien no quiera pasar por ahí, que lo haga por dentro del muro". Pues... por dentro del muro. La caída, a mi juicio, peligrosa. No paro de correr y sigo. Llegamos hasta el siguiente avituallamiento y empiezo a ver a otros corredores. Esto marcha. Voy enganchándome a ellos. El terreno pasa de verde césped al asfalto a su paso por Valverde, y de ahí a negro picón. Se acerca el tubo y el otro salto. Me freno, pero no miro abajo. Por el agujero quepo pero muy justo por la mochila. Pienso: "¿Quieres correr? Pues déjate de tonterías y baja esto lo más rápido que puedas". Cojo la soga y empiezo a descender. Pierna aquí, desliza la mano allá y en menos que canta un gallo, en tierra firme. Nos queda una bajada de unos 300 metros por una pista de picón de gran inclinación. Es como si te tiraras por un tobogán.

Me tiro y pienso: Juan 1 Vértigo 0. "¡Corre Juanito!" :D


6. Correr la costa a toda costa
Llegamos a Tamaduste y volvemos a cambiar de entorno. La costa. Ya el sol empieza a calentar. Llevo casi tres horas corriendo. El mar me encanta, pero el trayecto es de piedras de picón como pelotas de tenis. Los pies se resienten. Hay partes que la lava son cuchillas y resbala algo. Cojo a más corredores y formamos un grupo compacto de unos 6. Terminada a subir por una rampa de lava.... a lo Kupricka: con las manos y los pies. El picón fino no te deja ni mantenerte en el sitio y hay que buscar roca más sólida, que aun así se rompe y crea pequeños desprendimientos. ¡Agüita! ¡Esto parece más un evento de Multiaventura que una carrerra por montaña! Me pongo el segundo del grupo y empiezo a tirar. Llegamos otra vez a Valverde, a seguir subiendo. Allí están las parejas de los compañeros del club. Me dan un subidón. Gracias Sara, Nuria, Loretta y Olivia.


Se nota el calor, se nota la subida. Veo a los primeros retirados. Sólo llevamos poco más de 30 km, y empiezo a encontrarme cansado.

7. Vuelta a Jinama
Terminamos la primera parte de esta prueba volviendo al Mirador de Jinama. Se me hace muy cansado. El sol sigue erre que erre. Hay que subir una montaña con más de un 30% de desnivel. Ufff. Ahí me engancha Miguel con el que converso un poco. ¡Qué dura está siendo! Una pista nos devuelve a la cota más alta de partida. En Jinama tenemos la bolsa que todos los corredores dejamos para abastecernos: camisetas, calcetines, geles, isotónico. Estoy muerto. Sólo llevo 40 km y me siento cansadísimo. Me queda más de la mitad y tengo que hacer una buena parada. Pienso: "Tómatelo con calma". Calculo bien lo que cojo y dejo en la bolsa lo que no voy a utilizar. Bebo, como algo de fruta del avituallamiento y me digo a mí mismo: "¿A qué viniste?" Me respondo: "¡A disfrutar!". "Pues haz lo que más te más te gusta: Corre y no pares de alegrarte con las vistas".
Y así fue...

En unos días, la segunda parte.

1 comentario:

  1. Qué malo, cuando la crónica está en lo mejors, nos haces esperar. Pues esperamos

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